Corpus
Si no recuerdas cuándo fue la última vez que hiciste algo es que ha pasado demasiado tiempo.
No recuerdo cuando fue la ultima vez que me senté a escribir. No lo sé y prefiero no saber. La idea me provoca tristeza y ansiedad. Porque la verdad es que extraño escribir. Cuando no “encuentro” el tiempo, el humor o el momento para hacerlo; sé que algo no está bien. A veces dudo si todavía tengo el romanticismo y la ingenuidad para decir que para mí escribir es tan necesario como respirar. Sin embargo, no me cabe duda que estos meses sin escribir los he vivido con la cabeza bajo el agua.
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| Gabriela Sánchez |
Saca la cabeza para respirar. Si sigues nadando llegarás. No te detengas. Sigue, sigue. Te hundirás si te detienes. No puedes parar.
Ese cinismo con el que me he enfrentado a todos los obstáculos y ansiedades de los últimos meses ha sido única respuesta que he encontrado. La más práctica e inmediata también. Ese cinismo disfrazado de tantas cosas, a veces por vergüenza y otras sólo por vanidad. Resilencia, orgullo, coraje… mentiras. Ese dique que detiene las olas te esta costando la vida. El cuerpo te delata. Dice que ya no das para más.
Me acostumbré al zumbido constante en mi cabeza, al peso en la espalda, al dormir sin descansar; pero la verdad y el dolor siempre encuentran el camino. Y siempre... siempre es a través del cuerpo.
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| Gabriela Sánchez |
Debí obedecer a los síntomas primeros: la inercia de estas manos que no escriben, ni dibujan, ni sienten impulso por hacer. El desencanto de estos ojos que aman la luz, el vuelo de las aves y las cosas simples del mundo. He estado distraído, ausente. Con esa ausencia que tanto angustiaba a Camille (Claudel).
Por eso escribo ahora. Para pedirle perdón a este cuerpo cansado que intenta mantenerme en pie. Para obligarme a sacar la cabeza del agua y comenzar a respirar. Para sacudir las manos y volver a escribir y dibujar y hacer.
Escribir es el barquito que me ayuda a cruzar los días. El faro que me permite ver todo a la distancia. La escafandra que me permite respirar bajo el agua. Mi forma de pedir perdón y curarme las heridas.
Escribo para mí. Escribo para tratar de abandonar mi isla. Para intentar alcanzar a alguien y decirle que quizá los dos sentimos lo mismo. Escribo para decirme que “también los jóvenes envejecen” y que este cuerpo no es una presa. Mi piel ya no detiene ni flechas, ni torrenciales.
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| Gabriela Sánchez |
Estos días mi cuerpo me ha obligado a escucharlo y conectar con el. A navegar el ritmo de mis respiraciones, a seguir el ritmo de sus latidos, a leer sus constelaciones. Estos últimos días mi primer pensamiento al despertar ha sido de gratitud. “El dolor no está. ¿Qué debo hacer hoy para evitar que vuelva?”.
Ser, estar, hacer. Esos son los verbos que me van a salvar la vida. Esa es mi forma de lidiar con el dolor.



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