43 - El tecnecio y los huesos brillantes

17 de Julio 2020

Querido Oliver Sacks:

Te escribo porque hoy es mi cumpleaños. En alguna parte leí sobre tu forma de asociar la edad con los elementos de la tabla periódica y adopté la idea desde entonces. Este año seré Tecnecio (el elemento 43). Entiendo poco sobre la química, pero que hice una búsqueda rápida en internet y descubrí tres cosas que me llamaron la atención:

1. Dicen que el Tecnecio hace brillar los huesos.
2. Que convencidos de que existía —aún cuando nadie podía encontrarlo— le reservaron un lugar en la tabla periódica
3. Su nombre proviene del griego τεχνητός, que significa artificial.


Si entendí bien, el tecnecio no se encuentra de forma natural en el medio ambiente. Es necesario que haya una reacción nuclear para que sea producido a través de la transmutación. La verdad es que no entiendo los tecnicismos, pero esa idea de transmutar, para mí, es poesía.

La imagen de los huesos brillantes me tomó por sorpresa. Primero imaginé un esqueleto resplandeciendo en la oscuridad como anuncio de neón. Después imaginé que los huesos eran cúmulos condensados de polvo estelar. Al final descubrí que en verdad el brillo es un efecto radioactivo que se usa con fines de diagnóstico en la medicina.

Qué bueno que existe la poesía, Oliver. Qué bueno que la ingenuidad y la imaginación sean compañeras. Y es que, aun cuando no podemos encontrarla, la poesía está ahí. Mendeléyev estaba convencido que el Tecnecio existía y al final alguien más encontró lo que él buscaba. Eso me sucede al leer: encuentro cosas que no sé de cierto, pero sé que existen.

Este cumpleaños, igual que el de muchos, será “el de la pandemia”. Y que para mí sea el del tecnecio me hace pensar. Quizá está reacción en cadena que se ha generado en los últimos meses me haga transmutar. Quizá sea esta edad que estreno en estas circunstancias la que me haga encontrar ese elemento invisible que se esconde en alguna parte de mí.


Por eso escribo. Por eso te escribo a ti. Por eso leo. Por eso te leo a ti. Porque creo que las palabras y las ideas, igual que las partículas, pueden bombardearnos hasta provocar reacciones poderosas en nuestro interior.

Quisiera abrazarte. Verte a los ojos y darte las gracias, decirte que eres uno de mis héroes. Preguntarte en qué orden debería leer tus libros. Confesarte un par de secretos; por ejemplo, mi deseo de llegar a lo 80 y celebrar el cumpleaños de mercurio.

Mi mejor amiga decía que los años pares eran mejores. No sé si ha cambiado de opinión.  Así que espero que, si este año impar no viene bien, su reacción nuclear solo nos deje el descubrimiento de un nuevo elemento: uno que nos haga brillar por dentro.

Me voy. Tengo que leer, comer pastel, empezar a habitar esta nueva edad.

Abrazos virtuales, querido amigo. 

Te leo más tarde.

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