Una historia de amor
I’m a little bit camp… ese es el pensamiento que viene a mi cabeza cada vez que me descubro bailando mientras espero el autobús. Sé que no soy la única persona haciendo eso que Adrián llama baile estacionario, pero hoy que movía los pies al ritmo de los Pet Shop Boys tuve una revelación: soy gay.
Sé que habrá quien se sorprenda de leer esto. Pues debido a todas mis demás peculiaridades mi condición sexual a veces pasa a segundo plano pero hoy tengo un motivo para hacer tal declaración: hay gente que sigue siendo víctima de acoso, discriminación y crímenes de odio por su condición sexual.
II
Recuerdo que en la adolescencia jamás fui acosado por ser “maricón”, pero mi “rareza” sí desataba la furia de mis compañeros. Había algo en mí que estaba más allá de su entendimiento, ellos sabían que algo no estaba bien conmigo y más de una vez quisieron sacármelo a golpes del cuerpo. Ahora que reviso en el pasado creo que habría salido mejor librado si el motivo de las burlas hubiera sido mi preferencia sexual, pero que el motivo fuera que era distinto a ellos me dejó algunas cicatrices.
Recuerdo que en la adolescencia jamás fui acosado por ser “maricón”, pero mi “rareza” sí desataba la furia de mis compañeros. Había algo en mí que estaba más allá de su entendimiento, ellos sabían que algo no estaba bien conmigo y más de una vez quisieron sacármelo a golpes del cuerpo. Ahora que reviso en el pasado creo que habría salido mejor librado si el motivo de las burlas hubiera sido mi preferencia sexual, pero que el motivo fuera que era distinto a ellos me dejó algunas cicatrices.
En esa escuela donde todos vestíamos el mismo uniforme y respondíamos de forma automática al sonido del timbre se nos enseñó que ser diferente, no es un crimen pero, no es la mejor elección de vida. Así que lo mejor que puedes hacer es celebrar tus quince años con una fiesta espectacular, ir a una universidad privada, casarte, tener dos o tres hijos, llevarlos al mismo colegio, celebrarles sus quince años con una fiesta espectacular, inscribirlos en una universidad privada… y esperar a que te mate la rutina. Pero a mí se me ocurrió ser amante del arte, los libros y los chicos… y eso para nada se ajusta al plan de vida que me tenían preparado. A veces siento un poco de pena por los padres que tendrán incompletos sus álbumes familiares. Quedarán vacías las páginas de la boda y los nietos, porque aunque hubiera boda y nietos seguramente no merecerán formar parte de la historia familiar.
III
Hace poco descubrí que la posibilidad de que mis familiares y amigos tengan vida sexual me abochorna. Supongo que a todos nos pasa y que así como los hijos no soportan la idea de sus padres teniendo intimidad, a los padres les resulta una tortura imaginar lo mismo de sus hijos y peor aún si es con una persona del mismo sexo. Pero ya lo dijo Stephen Fry, si dejamos aún lado nuestra obsesión por las prácticas sexuales quizá todo sea más fácil. Una de las cosas más difíciles para mí fue pensar ser homosexual estaba limitado a las prácticas sexuales y no al amor. Cuando eres heterosexual los papás hablan de que pasará cuando te enamores, pero si eres gay la referencia inmediata es sexual. Por fortuna cuando a mí me llegó el momento de enfrentar la situación leí “De Profundis” de Oscar Wilde, la más larga carta de amor jamás escrita, y se me metió en el corazón y la cabeza la idea de que algún día amaría a alguien de la forma que Wilde amaba a Bosie. A esa edad pensar que el amor podría privarme de la libertad dejarme en la ruina sonaba como algo fantástico. A fin de cuentas todas las grandes historias de amor se viven entre la posibilidad de la dicha catástrofe.
Hace poco descubrí que la posibilidad de que mis familiares y amigos tengan vida sexual me abochorna. Supongo que a todos nos pasa y que así como los hijos no soportan la idea de sus padres teniendo intimidad, a los padres les resulta una tortura imaginar lo mismo de sus hijos y peor aún si es con una persona del mismo sexo. Pero ya lo dijo Stephen Fry, si dejamos aún lado nuestra obsesión por las prácticas sexuales quizá todo sea más fácil. Una de las cosas más difíciles para mí fue pensar ser homosexual estaba limitado a las prácticas sexuales y no al amor. Cuando eres heterosexual los papás hablan de que pasará cuando te enamores, pero si eres gay la referencia inmediata es sexual. Por fortuna cuando a mí me llegó el momento de enfrentar la situación leí “De Profundis” de Oscar Wilde, la más larga carta de amor jamás escrita, y se me metió en el corazón y la cabeza la idea de que algún día amaría a alguien de la forma que Wilde amaba a Bosie. A esa edad pensar que el amor podría privarme de la libertad dejarme en la ruina sonaba como algo fantástico. A fin de cuentas todas las grandes historias de amor se viven entre la posibilidad de la dicha catástrofe.
A mis treinta y seis años sigo teniendo ese sueño. Nunca dejé que nadie me condenará a la clandestinidad. Nunca dejé que nadie me hiciera creer que mi condición sexual era más importante que mi condición humana. Nunca dejé que me arrebataran la idea de tener una familia y llenar de fotos el álbum familiar.
IV
Cometí muchos errores porque muchas cosas tuve que descubrirlas solo. Si para los padres es difícil hablar de sexo con sus hijos, imaginen lo difícil que es hablar de sexo gay. Nadie estuvo ahí para acompañarme en las “primeras veces”. Creo que en casa nadie supo cuando me rompieron el corazón por primera vez, cuando tuve mi primera relación sexual, cuando (aterrado) me hice el primer examen del VIH.
Cometí muchos errores porque muchas cosas tuve que descubrirlas solo. Si para los padres es difícil hablar de sexo con sus hijos, imaginen lo difícil que es hablar de sexo gay. Nadie estuvo ahí para acompañarme en las “primeras veces”. Creo que en casa nadie supo cuando me rompieron el corazón por primera vez, cuando tuve mi primera relación sexual, cuando (aterrado) me hice el primer examen del VIH.
Cuando eres gay todo se trata de lo que implica para los demás, es raro que alguien pregunte cómo te sientes tú. Todavía hace un par de años decía que si me hubieran dado a escoger hubiera querido ser heterosexual. Decía con ironía y un poco de rabia que seguro la genética se jugaba esas decisiones en una apuesta de dados.
Ahora que soy adulto puedo decir que he aprendido a amarme a mí mismo. ¡Sí, amo a un hombre! Porque como dijo Oscar Wilde: “Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterna”.
Soy gay, me gusta bailar, el arte, los libros y los chicos pero al igual que tú tengo sueños y no creo que tengas derecho a hacerme renunciar a ellos.
Publicado en Un Hombre Camina




Entre líneas percibo una alegría por vivir y encontrar, algo que se contagia :) y que refresca los momentos desde acá para descubrir caminos y personas que seguirán dando sabor a la vida. Abrazos!
ResponderEliminarhermoso!! hasta sonrisa se me ha pegado magicamente.
ResponderEliminarGracias!!
Gracias.
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