Celebrar el amor

Un sábado lleno de sol, ánimos de fiesta, amor y esperanza. El cielo estaba abierto, la luz se derramaba sobre todos: cálida y brillante. Como diría Sabines, resulta que estábamos allí todos reunidos como en el Arca de Noé -en pares o multitud- para celebrar el amor.  

Cuando supe que el Southbank Centre invitaba a un evento para celebrar la entrada en vigencia del matrimonio entre personas del mismo sexo en Inglaterra, lo primero que vino a mi mente fue si eso no era legal en el país desde hace años. Tras una breve búsqueda descubrí que el país daba el derecho de celebrar “enlaces civiles” (civil partnership) a las parejas del mismo sexo, pero no el matrimonio. ¿Y cuál es la diferencia? La igualdad. Que un país acepte que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos civiles sin importar su orientación sexual es una gran conquista. Al fin, bajo el amparo de la ley, escucharíamos a alguien decir: los declaro esposo y esposo o esposa y esposa.  



Sería mi primera boda en Inglaterra. Y la primera boda gay para mí y para muchos. Cientos de personas estábamos reunidos para celebrar la renovación de votos, tras siete años de su enlace civil, de Sandi y Debbie Toksvig.  A todos los reunidos en el Royal Festival Hall del Southbank Centre se nos notaba emocionados y contentos. Cuando los aproximadamente doscientos integrantes del London Gay Men's Chorus comenzaron a cantar lo de “I’m Getting Married in the Morning” todos nos sentimos embriagados de felicidad. Es inevitable no sentirse contagiado de amor y esperanza cada vez que una pareja decide unir sus vidas. A todos se nos corrieron las lágrimas un par de veces, nos estremecimos de emoción, sonreímos. De pronto no se trataba de la celebración del amor entre personas del mismo sexo; todas las familias, parejas y amigos reunidos celebrábamos el amor. 



Conforme maduramos pasamos de la idea de enamorarnos al deseo de formar una familia, no es que una cosa sea distinta de la otra, pero nuestras necesidades y aspiraciones cambian junto con nosotros. Descubrimos que el amor crece cuando lo compartes y que queremos ser parte de la felicidad y bienestar de otros. Ser testigo de la renovación de votos de Sandi y Debbie, me hizo reflexionar acerca del amor de pareja. Ellas deben de estar muy orgullosas de saber que el amor no sólo ha trasformado sus vidas, sino que además han logrado tocar la vida de su familia y las personas que los rodean. “Hacemos esto porque creemos que queremos inspirar a otras personas”.  Y esa es la verdadera conquista del matrimonio igualitario: vivir sin miedo y en igualdad. 



A muchos de los que hemos aceptado nuestra sexualidad públicamente se nos ha hecho creer que tenemos derecho a ejercer nuestra igualdad y libertad, pero sin olvidar que somos distintos y que debemos mantener la distancia. “Cierra la puerta de la alcoba y puedes hacer lo que quieras”. ¿Pero qué hay del amor? Cuando una persona confiesa ser gay nos limitamos a pensar en ella como alguien que se acuesta con personas de su mismo sexo. Quizá todo sería distinto si entendiéramos, que al igual que los heterosexuales, el sexo es solo una parte de nuestra vida. Y si tenemos suerte, consecuencia de estar enamorado. Pero nos han hecho creer que no merecemos los mismos derechos cuando se trata del amor y que debemos conformarnos con una vida al margen de las buenas conciencias. Y que por desgracia para muchos se traduce en una vida solitaria que los orilla a las drogas y la promiscuidad. Sí, ese estereotipo de la vida gay que la mayoría de nosotros no queremos. 



Ayer fui inspirado por dos mujeres y cientos de personas que creen en el amor. Ayer recordé que si bien todos merecemos el derecho de amar, también debemos asumir nuestras responsabilidades. Hay que comprometerse, esforzarse por ser mejor persona, estar y entregarse al otro; porque el amor verdadero se vive fuera de las alcobas y hay que estar listo para enfrentarse al mundo.

Es momento de ir más allá del permiso a cerrar las puertas de las alcobas y abrir el mundo para que todos amemos con libertad. Amar nos hace crecer y eso es lo único que importa. 

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