De Profundis
I
La vida siempre encuentra formas de enviarnos señales. A veces con tanta insistencia que sólo falta que se abran el cielo y la tierra. Pero la mayor parte de las veces lo hace con sutileza ¿Qué caso tiene hacer aspavientos si parece que no estamos dispuestos a prestar atención?
La vida siempre encuentra formas de enviarnos señales. A veces con tanta insistencia que sólo falta que se abran el cielo y la tierra. Pero la mayor parte de las veces lo hace con sutileza ¿Qué caso tiene hacer aspavientos si parece que no estamos dispuestos a prestar atención?
No podría decir que siempre hago caso a las señales, pero me gusta creer en ellas. Disfruto, por ejemplo, pensar que cierto día será especial porque abrí los ojos antes que sonará el despertador o mis calcetines combinan. Sin embargo a veces traiciono mis principios y pienso que debería dejar de buscar señales. “No seas supersticioso. No existe tal cosa como la suerte”, me digo mientras cruzo los dedos.
Nunca he sido un hombre optimista, pero la vida siempre encuentra formas de demostrar que me equivoco cuando pienso que las circunstancias no van a mejorar. Así que trato de no escuchar la voz del anciano gruñón que vive en mi cabeza e intento concentrarme en lo que me dicen los árboles, las nubes, las aves y las personas que caminan a mi lado. Tampoco soy un hombre iluminado, mi esencia es más de la de un nudo de raíces enterradas muy profundas en la tierra. Es por eso que siempre busco la luz y el milagro de la belleza en todas las cosas que me rodean. Es por eso que siempre busco señales, guiños del universo que me invitan a no ceder a mi lado más oscuro y pesimista.
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| Andrew Wyeth |
II
La Semana Santa siempre marca un momento especial en el transcurso del año: la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Es una de esas señales en las que me gusta creer. Este año, tras un largo invierno, esperaba con ansia la “resurrección del mundo”. Pasé largos y grises días, al lado de Deméter, esperando a que el invierno cediera un poco. Igual que la tierra, mi piel y mis huesos anhelaban el calor del sol. Pensé que la llegada de la primavera sería un buen pretexto para despedirme de los días sin luz. A mi corazón (ya) no le hacen bien la oscuridad, la soledad y el frío. Tampoco me hace bien seguir llevando el pasado a cuestas y necesitaba un pretexto para decidirme a soltarlo de una vez por todas.
La Semana Santa siempre marca un momento especial en el transcurso del año: la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Es una de esas señales en las que me gusta creer. Este año, tras un largo invierno, esperaba con ansia la “resurrección del mundo”. Pasé largos y grises días, al lado de Deméter, esperando a que el invierno cediera un poco. Igual que la tierra, mi piel y mis huesos anhelaban el calor del sol. Pensé que la llegada de la primavera sería un buen pretexto para despedirme de los días sin luz. A mi corazón (ya) no le hacen bien la oscuridad, la soledad y el frío. Tampoco me hace bien seguir llevando el pasado a cuestas y necesitaba un pretexto para decidirme a soltarlo de una vez por todas.
III
En un afortunado cambio de planes, el viernes santo terminó en un café en la ciudad de Reading. El hecho de estar en un poblado que no forma parte de mi ruta habitual me ayudó a sacudirme la nostalgia de estar lejos de casa en un día que me resulta especial en muchos sentidos.
En un afortunado cambio de planes, el viernes santo terminó en un café en la ciudad de Reading. El hecho de estar en un poblado que no forma parte de mi ruta habitual me ayudó a sacudirme la nostalgia de estar lejos de casa en un día que me resulta especial en muchos sentidos.
Comencé a unir los puntos de una constelación cuando recordé que fue desde la cárcel de Reading que Oscar Wilde escribió “De Profundis”, esa extensa carta de amor dirigida a su amante Sir Alfred Douglas. Libro que leí a los diecisiete años y me ayudó a superar un momento en que la vida parecía quererme convertir en prisionero de la desdicha. Decidí que aquello era una señal, así que volví a aquellas páginas donde Wilde reflexiona sobre el amor, los errores del pasado y la redención.
“Lo que tengo ante mí es mi pasado. He de conseguir mirarlo con otros ojos, hacer que el mundo lo mire con otros ojos, hacer que Dios lo mire con otros ojos. Eso no lo puedo conseguir soslayándolo, ni menospreciándolo, ni alabándolo, ni negándolo. Únicamente se puede hacer aceptándolo plenamente como una parte inevitable de la evolución de mi vida y mi carácter.”
Seguí las señales y encontré la respuesta que buscaba. Entendí que esa resurrección que anhelo no tiene que ver con dejar de llevar el pasado a cuestas sino con el perdón. He cometido muchos errores pero si la vida sigue enviándome señales es que quiere ayudarme a ir otra parte: lejos de esta oscuridad y pesimismo que no me hacen bien.
“No te dé miedo el pasado. Si te dicen que es irrevocable, no lo creas.”
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| Andrew Wyeth |




Espero que sean gratas las señales que encuentres, por el momento te dedico la fotografía que suba el día de hoy al instagram. En regalo a éste blog que me encanta. Jorge Yong
ResponderEliminarGracias.
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