Desprendimientos
Polvo constructor del mundo,
mundo de sangre impregnado.
Guadalupe Amor
Eternizar el instante, arrebatar de la
fugacidad los sucesos, imprimir el recuerdo de un cuerpo que vencerá a la muerte
(al menos en la memoria).
Es imposible precisar el instante en que el polvo
se desprendió del cuerpo. Sólo podemos intuir que los tensos músculos desnudos
se han sacudido de el porque lo vemos invadir el aire. La imagen es un tan solo
instante detenido, prolongado a eternidad; pero sabemos que hubo un antes y
habrá un después. Sin embargo nosotros sólo somos testigos de una parte de la
historia: el desprendimiento.
Estamos hecho de polvo: el polvo que cubre las
tumbas de nuestros ancestros y su memoria, el polvo pegado a la rutina y
muebles viejos de nuestras casas, el polvo… siempre el polvo. Habrá que
sacudirse el cuerpo para desprendernos de el; de la piel muerta, de las partículas
estelares que llevamos todavía pegadas a los huesos. Hay que sacudir nuestros
cuerpos al penetrar otros cuerpos, al estrellarnos contra los acontecimientos
de nuestras vidas, al exponer el rostro al viento.
Siempre evitamos estos pequeños terremotos que nos
sacuden, pero solo así lograremos desprendernos del polvo: son los
días de nuestras vidas.



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