So are you gay, are you blue?

A diferencia de los heterosexuales, que no se ven obligados a “asumir” su sexualidad, el homosexual debe además aceptar su “diferencia”. La pregunta entonces es si uno se asume homosexual para si mismo o los demás.


En mi caso el proceso de descubrir mi sexualidad fue de la mano con la culpa. Creía que "el mal" me había rasguñado el rostro con sus garras afiladas y no había manera de ocultar mi crimen. Esa herida fue mi letra escarlata. Y por muchos años sentí que por más que me esforzara nunca lograría ser como los demás.

Así que, al menos durante mi infancia, me esforcé por cumplir las expectativas. Cuando de niños jugábamos a inventar el futuro; yo me imaginaba casado con una modelo de revista, 3 hijas, un perro y un automóvil de lujo estacionado frente a mi casa. Pero aquello era solo un juego, e incluso en la inocencia de la infancia yo sentía una extraña atracción por el rostro anguloso y el cabello negro de Superman.

Yo crecí en la frontera –la sentencia nunca ha resultado más precisa que ahora– esa tierra de nadie donde (casi) todo está permitido. En aquella sociedad que abrazaba su decadencia como atractivo turístico para los norteamericanos era tolerado ser maricón pero no homosexual.

"El sexo entre hombres sólo es curiosidad, algo pasajero. Pero enamorarse de alguien de tu mismo sexo es una perversión"

Yo elegí la perversión y me enamoré. Al final descubrí que lo más difícil es darnos permiso de vivir sin miedo, ni culpa, ni menosprecio. No sé si tengo orgullo de ser gay, pero sé que tengo orgullo de ser quien soy.


Pocas veces he sido víctima de agresión física o verbal por ser homosexual; pero aprendí a agachar la cabeza y no tomar la mano de mi pareja por el bien de las buenas conciencias, pero sobre todo para no arriesgar la vida. Jamás me han cerrado una puerta por ser homosexual, pero me han dejado claro que estarían en su derecho de hacerlo incluso en mi propia familia.

Podría decir que he sido afortunado, pero de qué exactamente no lo sé. ¿De no haber sido asesinado, acosado o discriminado como muchos otros adolescentes homosexuales? ¿De no haber tenido que aceptar la clandestinidad y el silencio? ¿De no tener que aceptar el castigo de las sociedad y sus instituciones?  ¡Qué triste y absurdo sería tener que sentirme satisfecho por eso!



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