Fragilidad

I
Nada es tan frágil hasta que se rompe. Y es verdad también que todo se torna más real y necesario hasta el momento en que deja de existir.

Imagina una campana de cristal. Sostenla en tu mano y hazla sonar hasta que su agudo tintineo despierte  todas las partículas de polvo que duermen en la habitación. Deja que el polvo recuerde su levedad y se eleve en el aire; pensarías que el polvo es nada pero cuando lo ves brillar al contacto con la luz recuerdas que todos estamos hechos de la misma materia que las estrellas.

Agita la mano más fuerte. Siente como los chispazos de energía que provoca el sonido, es un en tremor de hielos y metales que reverbera hasta volverse hasta hacerse uno con el vacío.

Agita la campana y deja que resbale entre tus dedos. Observa el arco que dibuja sobre el aire antes de estrellarse contra el suelo. La explosión durará un instante, y por esa fracción de segundos el sonido será tangible. Construirás la  tormenta perfecta, un violento y brevísimo tifón de cristales rotos. Podrás entrever la eternidad… y después todo será silencio.



II
A veces pienso que hacemos lo mismo con nuestras vidas. Agitamos sin cesar una campana de cristal para callar el tic-tac de los relojes; las voces, risas y  llanto de los otros; los consejos y verdades que no queremos escuchar. Sonamos una o mil campanas con la esperanza de que el bullicio nos distraiga o llené al menos el vacío de las habitaciones y los días.

Hay que vaciarlo todo, vivirlo todo, experimentarlo todo. No hay tiempo suficiente para vivir nuestras vidas y las vidas que no nos pertenecen. No hay espacio para acumular tantos instantes; todo aquello que antes era privado y fugaz, y entrañable por lo tanto.

Suena las campanas. Hazles saber que estás aquí. No sea que el silencio los haga olvidarte.





III
A veces pienso que yo soy esa campana de cristal. Qué después de tanto estruendo, algo se quebrará dentro de mí para siempre. Por eso procuro de vez en cuando el silencio, que importa que nadie sepa que sigo aquí.

Es verdad que nada es más real hasta el momento en que se despedaza y somos capaces de entrever su esencia. Es verdad que no podemos conocer nuestra fortaleza hasta que la ponemos a prueba, pero hay cosas que a veces es mejor no saber. Y para mí ya quedó atrás el tiempo de caminar sobre vidrios rotos.      

Me sé frágil, pero mi fortaleza me mantiene en una pieza (hasta ahora).


Un Hombre Camina

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