Un Mundo Mejor

Christian Schloe
I
Los problemas sociales provocados por los prejuicios y la intolerancia no son novedad. La mayoría de nosotros sufriremos los estragos de la discriminación o la exclusión en algún momento de nuestras vidas, pero hay para quienes lamentablemente esto es una constante.     

Hace algunas semanas miles de personas, al menos en las redes sociales, proclamaban ser Charlie (Je sui Charlie). Y no pude evitar cuestionarme algunas cosas: Si ellos son Charlie ¿quién soy yo? Y más importante aún ¿Por qué de pronto nos unen temas que siempre nos han sido distantes, mientras que otros que nos atañen directamente nos separan?

Misteriosa naturaleza humana, más misteriosa en la era del Internet y las redes sociales.

Christian Schloe

II
Yo crecí en la frontera, y aún que era una ciudad de migrantes, las diferencias más grandes entre sus habitantes se limitaban al acento al modo de hablar y el uso de las palabras, la preparación de ciertos platillos y la forma de celebrar nuestras tradiciones. Creyentes y no, todos éramos hijos de un mismo Dios; las calles circulaban en dos sentidos y todos en algún momento ejercíamos nuestra democracia al esperar en la fila de las tortillas.

Recuerdo que con el fin de evitar disputas los adultos siempre aconsejaban no hablar de deporte, política y religión; pero por fortuna siempre había alguien que desoía el consejo y entonces se encendían las discusiones. Pero al final todas las diferencias quedaban zanjadas ante el arribo de la comida o un nuevo tema de discusión.

Pero en aquellos días el mundo era un lugar más pequeño... al menos para mí.


Christian Schloe
III
Ahora que he conocido Londres tengo una idea más distinta del mundo, y he descubierto el concepto de diversidad cultural desde otra perspectiva. 

En la universidad mis dos amigos más cercanos eran de Chipre e Irak; ella era griega ortodoxa y el musulmán. Y fue hasta ese momento que hice conciencia de mi ignorancia referente a otras culturas y religiones. Y es que a veces no basta con tomar un libro de geografía o escuchar lo que se dice en los noticieros para entender como es la vida en otros países, es la gente la que hace que un lugar sea como es. 

Superado el problema del lenguaje el único obstáculo que nos puede separar son los prejuicios. Pero en nuestro caso, mis compañeros y yo, teníamos objetivos e intereses en común y eso hizo que pusiéramos a un lado las diferencias y nos concentráramos en las cosas que teníamos en común; por ejemplo el hecho de que los tres soñábamos con transformar nuestras comunidades a través de la educación del arte.

En este año viviendo fuera de mi país he vivido experiencias que nunca imaginé: he compartido la navidad con católicos, ateos y musulmanes; conversado en perfecto español con ingleses enamorados de Latinoamérica; he enseñado a un griego a hacer guacamole; he sobrevivido a conversaciones donde se hablaban mas de cuatro idiomas al mismo tiempo.

En fin, he aprendido que el mundo puede ser un lugar muy grande, pero que las personas no somos países (nosotros somos más grandes). No dejemos que las cosas que nos unen -emociones, ideales, sueños, esperanzas- sean las mismas que nos separen.

Un Hombre Camina


Comentarios

  1. Me gustó mucho esto que dices de que es la gente la que hace que un lugar sea como es.
    Saludos.

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  2. Me gustó mucho esto que dices de que es la gente la que hace que un lugar sea como es.
    Saludos.

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