Cocinar: mi victoria doméstica
-¡La cena está lista! -Ese es quizá el llamado de atención más efectivo que existe, pero también una de las frases más bellas y llenas de significado que conocemos.
En los últimos meses me he visto obligado a perderle el miedo a la cocina. Desde niño aprendí los trucos básicos de supervivencia: preparar leche con chocolate, recalentar comida en el microondas, abrir latas de atún, cocinar huevos con mantequilla y calentar tortillas en el comal. Pero salvo algunos inventos, a veces afortunados, nunca me atreví a ir más allá. (Lo cual demuestra, desde otra perspectiva, lo bien que me desenvuelvo en mis zonas de confort).
Estas aventuras culinarias -como la mayoría de las cosas que hacemos por amor- iniciaron en familia. Sin darnos cuenta se volvió costumbre que yo cocinara los lunes. Aquel era mi día de descanso y meterme a la cocina a inventar platillos se convirtió en algo divertido. En aquellos días descubrí que el delicioso sabor de la mantequilla podía compensar todas mis carencias como cocinero, y se volvió en mi ingrediente secreto.
Pero salir de casa siempre nos obliga a enfrentar nuevos retos y en el último año mis nuevas circunstancias de vida me han llevado poco a poco a terrenos más inhóspitos. Aún me vence el pánico cuando se trata de preparar hot cakes o extender tortillas de harina. Pero ambas cosas me dan enorme satisfacción cuando los comensales -Diego y Julie- no ponen peros al resultado final.
Me gusta cocinar. Se ha convertido en mi forma de contribuir a la familia. Tras una difícil temporada sin empleo, la cocina es el lugar donde siento que sigo contribuyendo al mundo. Eso me recuerda una de mis novelas favoritas: Kitchen de Banana Yoshimoto. En donde la protagonista, tras la muerte de su abuela, se refugia en la cocina porque ese es el único lugar donde se siente a salvo.
La incertidumbre de vivir a la deriva en un país y una vida distinta se disipan cuando tengo control de los ingredientes y la cocción de las recetas. Por eso cocinar es mi remedio contra la ansiedad y la tristeza. Cuando quiero intentar una nueva receta, le escribo a mis amigos para pedir consejos, y entonces en un acto que desafía las leyes de la física, nos unimos a la distancia en un ritual de amor y convivencia que llena de humo y vapor la diminuta cocina de mi casa.
Entre los consejos compartidos está el que dice que las casas son más cálidas cuando enciendes el horno. Así que para combatir el aletargamiento del invierno inglés, he comenzado a incursionar en la repostería. Y mi vida -ni mi talla- será la misma desde que descubrí la magia que esponja los pasteles y hace crujientes las galletas.
Así que hace un par de días decidí cocinar un flan a baño María. Cuando, Chabela me compartió la receta recordé las prácticas de química en el bachillerato. Pensé que sería demasiado complicado, pero cuando abrí el horno y descubrí que aquel amarillo y esponjado pedazo de sol, grité de emoción. (Y miren que yo no soy nada expresivo).
Cocinar es mi pequeña victoria doméstica. No soy un gran cocinero, pero como artista he descubierto que es parecido a escribir o ilustrar. Sólo se trata de elegir los ingredientes perfectos, combinarlos de la forma más creativa posible y dejar que suceda la magia.
Cocinar es mi forma de recordar a mi mamá y el inescrutable secreto de su huevito tierno; de hacerle saber a mi Nana que puede estar orgullosa de su hijo más pequeño; de agradecerle a mi cuñada por enseñarme a hacer arroz y usar el amor como ingrediente mágico en las recetas; de contarles a mis sobrinos como su papá cuidaba de mi cuando yo era niño y se encargaba de que no pasara hambre.
Cocinar es mi forma de decirlas a mis amigas que las extraño y que sigo necesitando de sus consejos: esa mezcla de sabiduría ancestral, hechicería y sentido común que sólo ellas poseen.
-¿Qué habrá para cenar? ¿Podemos reunirnos de nuevo todos a la mesa? (Y por favor nadie tomé fotos de la comida, que esto es demasiado bello para trivializarlo)
Un Hombre Camina





tu post me ha dado un hambre inmensa> un antojo de un postre, creo que vy a preparar una carlota ejejeje
ResponderEliminaramo amar cocinando :3 es de lo mas bontio
Carlota de Limón!
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarCocinar un buen flan es terriblemente dificil. Felicitaciones (atrasadas)
ResponderEliminarGracias. Un día cocino uno para ti, al fin que andamos cerca. Saludos.
EliminarAceptado! Me dejo consentir!
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