Migraciones
Ya lo he dicho antes: "No me gustan las despedidas". Por eso tengo la mala
costumbre de irme sin decir adiós.
Lo mismo hice cuando viajé a Inglaterra. "Estaré fuera nada más por un año. ¿Para qué me despido si voy a
regresar?", les dije a todos. Y me fui sin hacer ruido.
Por los mismos días el verano también se
despedía, las horas sin sol comenzaban a ser más frescas. "No olvides tener el abrigo a la mano", dijo mi madre al
despedirse. Ella sabía que en Inglaterra me daría la bienvenida el otoño y
extrañaría el calor de casa.
Los meses pasaron de prisa. Llenos de
aventuras, descubrimientos, aprendizajes, miedos, satisfacciones y añoranzas.
Dicen que así son todos los viajes, porque el verdadero desplazamiento es
emocional. Migrando de un lugar a otro es que uno descubre su propia geografía.
Desde niño siempre me gustaron las historias de
viaje, en especial las de Ulises y Jasón. Por ellos aprendí que un verdadero
héroe emprende su viaje movido por el deseo de encontrar respuestas o cumplir una
hazaña; pero que invariablemente, después de vencer los obstáculos del destino,
siempre regresa a casa. "¿Vas a
regresar?", era la pregunta que me hacían todos y a la que no sabía
cómo contestar.
Me gusta estar aquí, porque esa sensación de
andar sin rumbo que experimenté por tanto tiempo ahora tiene sentido. Aquí nada
es mío: ni el idioma, ni las costumbres; pero he aprendido más sobre mí y mi
país que todo el tiempo que viví allá. Poco a poco he ido encontrando la manera
de mantener unidos la cabeza y los recuerdos, el corazón y los quereres; hay
días en que no vivo dividido y en la distancia se reconcilian el presente y el
futuro, la realidad y los sueños, el hubiera y el quizá.
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| Dissection - Megan Holland |
Hace algunos meses le conté a un amigo que
extrañaba pasar los días de fiesta en casa. Y muy sabiamente dijo, "quizá es momento de empezar a llamarle
casa al lugar en donde estás". Una verdad tan simple pero tan llena de
sentido me hizo entender que a veces, aunque se atraviese el océano, uno no es
libre de avanzar hasta que no se da la libertad de hacerlo.
Mis abuelos, mis papás, mi hermano, mis amigos,
mi pareja; todos fueron migrantes. Los planetas, las aves, el viento, las olas
e incluso las piedras se mueven. Entonces ¿por qué nos cuesta tanto dejar que el
destino nos lleve? Y no me refiero a los viajes o las mudanzas. Me refiero al
verdadero desplazamiento que implica la vida.
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| Stars - Megan Holland |
No he vuelto a casa porque antes quiero
contarte como se ven las estrellas en esta parte del cielo. No he vuelto a casa
porque… esta es mi nueva casa; pero al igual que la otra también tiene puertas
y ventanas. Así que no hay excusa para que no vengas o yo me escape a buscarte
cuando la distancia quiera jugarnos una mala pasada.
No me gustan las despedidas porque invocan las
ausencias. ”Adiós” no es lo mismo que “hasta pronto”. Yo no puedo negarme a la
posibilidad de volver.





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