Querido Pablo:

Llevo días intentado escribirte esta carta. No es sólo el respeto el que me complica escribir estas palabras, es más que nada la emoción de escribirle a uno de mis héroes: el pájaro Pablo, el poeta Neruda.  

Sin tú saberlo has compartido muchos de los momentos más importantes de mi vida y está vez no es la excepción. Todo comenzó cuando tras revelar mí sueño infantil de querer ser poeta mi madre me regaló tus "Veinte canciones de amor y una canción desesperada". A esa edad mi corazón entendió poco el significado de tu poesía, pero mi voz aprendió a columpiarse en las alturas de tus versos y volar.


Cuando era adolescente anhelaba que llegara la edad de tener roto el corazón para repetir aquello de "es tan corto el amor y tan largo el olvido"; pero las lecturas se le adelantaron a los amores y cuando aquello sucedió la lista de versos favoritos ya era interminable.

Sin embargo ahora que a mi edad adulta la vida me ha enseñado a  amar “directamente sin problemas ni orgullo” he decidido iniciar una familia; y el día de mi boda quiero leer tu soneto XVII.

Asumo que normalmente te sentirás halagado cuando alguien escoge tus palabras para expresar sus emociones, pero voy a casarme con otro hombre y no sé cuál será tu postura al respecto. Aclaro que no busco tu aprobación –porque creo que sería una descortesía involúcrate en un asunto privado y tan complejo– pero no puedo evitar preguntarme que diría un defensor de los derechos humanos, la libertad y la justicia como tú.

Sé que algunos miembros de mi familia y mi grupo de amigos más cercanos no estarán presentes –ni mucho menos de acuerdo- el día de nuestra boda; pero fuera de todo debate religioso y moral lo único que espero que algún día entiendan que lo único que haré es ejercer mi derecho a legalizar mi relación de pareja como lo haría cualquier otro ciudadano.


Tú -que soñabas con un mundo sin fronteras- entenderás que el mundo puede ser un lugar muy complicado cuando se vive fuera de la ley; es por eso que más que casarnos para unirnos lo haremos para que no nos separen. Y es que quién necesita que un papel haga constar que “para mi corazón basta tu pecho [y] para tu libertad bastan mis alas”.

Por eso cuando pienso en el discurso de frases hechas que dirá el juez me asusto un poco. No quiero que lo nuestro deje de ser esa “rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego”, el lazo que nos une en la inmensidad del tiempo y el espacio. Pero sé que estamos listos para enfrentar al mundo juntos, aun cuando bajo el amparo ley  nadie deje pasar la oportunidad de hacernos pagar por el crimen cometido.  

Espero con ansía tu respuesta y sobre todo que puedas entender que “no sé amar de otra manera”. 

Cartas desde una isla

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