Aves
Desde niño les tengo miedo a las aves. No
recuerdo el motivo exacto, pero en algún oscuro rincón en mi cabeza habita el
recuerdo de un grupo de patos persiguiéndome y picándome las escuálidas
piernas que, en el verano, siempre estaban expuestas en mis shorts.
Nadie más recuerda esta historia. Y es una memoria
tan borrosa que a veces yo mismo dudo de su veracidad. Pero el resultado es el
mismo: les tengo miedo a las aves. Y para ser más precisos: le tengo miedo a la
posibilidad de las aves atacándome con sus garras y sus picos. En mi
imaginación la escena es tan terrible como el rapto de Ganimedes o la película
de Hitchcock.
Sin embargo, a pesar del miedo, las aves son
también uno de los animales que más fascinación me provocan. Me encanta
escucharlas y verlas volar. Siempre he dicho que cuando sea viejo me iniciaré
en el avistamiento de aves —lo mismo aplica a sueño de leer a todos los escritores rusos y tener una
casa en las costas de Portugal.
Es por eso que en mi lista de deseos está la Guía de Aves de Gran Bretaña y Europa (Peterson, Mountfort & Hollom). (Roger
Tory Peterson también publicó una Guía de Aves Mexicanas que obviamente está
también en mi lista).
Las ilustraciones de aves en estos libros me
parecen maravillosas porque, más allá del deleite estético, me permiten
contemplarlas a la distancia. Me gusta observar las ilustraciones a detalle:
los colores, las texturas y las formas; y pasar los dedos por encima de ellas,
como si fuera posible tocar sus plumas y sentir el calor de sus pequeños
corazones.
No soy experto en aves pero creo que cada una
de ellas tiene personalidades muy definidas y peculiares. Por ejemplo a las
palomas domésticas (Columba livia
domestica) las imagino como merchantas
empujando y arrebatando las mercancías en el bullicioso mercado de la vida urbana. Ellas
son tan temerarias y seguras de si mismas que se atreven a vivir entre nosotros
en cada plaza, parque y edificio de las grandes ciudades.
En Inglaterra también hay palomas —cualquiera que haya visitado Trafalgar Square lo sabe— pero las gaviotas son las dueñas de la urbe. A diferencia
de las aseñoradas palomas, las
gaviotas son jóvenes punks que ponen a prueba todas las reglas y límites impuestos por la sociedad; son ruidosas y agresivas y se han ganado la peor de las famas, pero su
reputación les importa un carajo.
De México las aves que más extraño son las
urracas: mis eternas compañeras. Mis días de infancia están repletos de
atardeceres y graznidos de urracas. Son ellas las que anuncian el inicio y el
final de la jornada. Son ellas los obreros oprimidos que construyen el mundo y
al final del día hacen una fiesta con risas y canciones.
En Inglaterra no hay urracas ni atardeceres,
pero tenemos cuervos. Los señores cuervos tan callados y distantes, tan
ingleses, tan conscientes de su
jerarquía y del discreto temor que nos inspiran, especialmente “al filo de una lúgubre media noche”.
En los últimos meses he tenido la oportunidad
de explorar las colinas boscosas de Surrey. Para mí, un hijo del desierto, estos lugares son como santuarios
construidos por la vegetación y la humedad, un refugio para los animales y las
aves que de niño solo conocía en los cuentos de hadas pero que ahora son parte
de mis días. Es así que a mi vocabulario se han sumado nuevas palabras, nombres
de aves como: magpie (Pica pica), robin (Erithacus
rubecula) y black bird (Turdus
merula). Aves a las que me gusta llamar por sus otros nombres porque yo no
soy de por aquí.




Que "magpie" no es lo mismo que urraca? Eso era lo que yo creía!
ResponderEliminarA mi no me gustan tanto las aves, pero me gusta verlas en libertad, no enjauladas.
Al menos tu estás más tierra adentro, aquí en la mañanas estamos llenos de "seagulls" y son medio agresivas.
En teoría sí, pero para mi las urracas son negras y los magpies tienen su pecho blanco.
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