Cómo existir...

Mi madre me enseñó un millón de cosas, excepto una: cómo existir en un mundo en el que ella no está.

I
El momento en que mi madre dejó de respirar se abrió un hoyo negro en el universo. La abracé, pensé que iba a abrir los ojos y decir algo para consolarme: “Estoy bien mijo, no tengas miedo”. Pero las únicas palabras que escuché fueron las de las enfermeras. Nos ofrecieron una silla, tranquilizantes, un poco de agua; pero nadie nos ofreció una explicación.

Los que hemos sobrevivido la perdida de alguien, sabemos que la parte más difícil es entender la ligereza con que se toma la muerte de los otros; el hecho de que el mundo no colapse o se detenga al menos un instante.

II
Cogí el teléfono, traté de escoger las palabras adecuadas; sabía que en el instante en que las palabras salieran de mi boca sería real, no habría vuelta atrás.

“Ya no está”, creo que eso fue lo que dije. ¡Qué absurdo! “Ya no está”. Como si hubiera dejado de existir. Esa es la parte más terrible de la muerte: que convierte en pasado a los que amamos. Las palabras nos borran del presente para siempre. Lo leí en la novela de Andrés Neuman: “la gramática no cree en la reencarnación”. 

Deberíamos atrevernos a hablar de nuestros muertos en el presente. “Mi madre es… mi madre dice…”. Las únicas veces que uso el presente para hablar de ella es para decir cosas como: “mi madre está enterrada en la cripta familiar”. Lo único que permanece en el presente es el cuerpo (los huesos que se hacen polvo con el tiempo) y nada más.

Francesc Català Roca


III
Ahora somos un club. Un club de hijos tristes. Hombres y mujeres, niños todos, a los que se nos nota la tristeza en la mirada (especialmente cuando sonreímos). Somos un club, que cada año se vuelve más grande. Y es que el mundo no se detiene. El mundo no entiende que necesitamos tiempo para asimilar las cosas y hacer las paces con la vida.

Sé que el rayo del tiempo derribará más troncos en este bosque y nos heredará un desierto. Sé que con los troncos vacíos construiremos ataúdes, barcos, cofres para guardar los tesoros del recuerdo. Sé que saldremos adelante (victoriosos).

Hermanos: sé que estaremos juntos. Y pase lo que pase, les prometo que si el mundo no se detiene a pesar de su tristeza; yo dejaré de moverme, de respirar, de sentir, de soñar, de creer en el futuro.

IV
En cada taza de café, en cada navidad con luces de colores, en cada libro y película que sé te habría gustado, en cada abrazo de tu nieto, en cada locura de tu nieta, en cada nuevo recuerdo compartido con mi hermano estás tú. No es verdad que ya no existes, que no estás, que te has marchado.

Quizá hablamos de los ausentes en pasado porque tras su partida hay un antes y después en nuestras vidas, pero también porque algo de nosotros se ha quedado con ellos en esos días: los más bellos de nuestras vidas. 

“I don’t know how to exist in a world 
where my dad doesn’t”
Shonda Rhimes

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