Be kind to yourself

Hoy voy a hacer café en la prensa francesa. Ese fue mi primer pensamiento al despertar. Hoy no tomaré el café instantáneo de todas las mañanas. Be kind to yourself (Se amable contigo mismo) es la leyenda de esa ilustración, que me gusta tanto y, que veo a diario en la pantalla de mi móvil. Así que hoy voy a darme el tiempo de preparar café, tostar dos rebanadas de pan y untarlas con mantequilla y mermelada de higo. Algún día conoceré Turquía, pienso mientras bebo el café. Compraré nueces, higos y miel en un mercado de Estambul. Por eso me gustan los pequeños detalles de la vida, porque te conectan a las cosas más grandes: a los sueños, por ejemplo.


Hoy la mañana anda sin prisa y siento que, siendo algo tan extraordinario, debo comportarme a la altura; así que no veo el móvil, no le hago fotos al desayuno, ni lo presumo en Instagram. Este acto tan cotidiano es un acto de bondad conmigo mismo y no lo quiero compartir.

¿Qué pasaría si todas esas cosas extraordinarias que compartimos en las redes sociales las entendiéramos como actos de bondad a nosotros mismos? No lo sé, por eso voy intentarlo. Pienso regresar a darle el valor a las cosas que hacen mis días especiales.

A veces justifico mi instinto por compartirlo todo como un acto de generosidad, pero voy a darme permiso de ser egoísta y quedarme las cosas, justo como lo hacía antes. Esa era siempre una excusa para buscar a mis amigos, llamarlos o escribirles y decirles lleno de entusiasmo: “Hoy pasó algo increíble. Tengo que contarte”.

La próxima vez que encuentre una frase increíble en un libro, en una película o en una canción, voy a dejarla darme vueltas en la cabeza y en el pecho, luego voy a escribirla en un pedazo de papel y pensaré en una persona especial para compartirla. Será una buena excusa para construir un puente y conversar.


Algunos de los momentos que más atesoro son aquellos en que mi mejor amigo y yo compartíamos nuestros hallazgos. El día que me contó lo obsesionado que estaba con “Las Olas” de Virginia Woolf, y de su mochila sacó un montón de hojas impresas en blanco y negro. En esos tiempos no era fácil conseguir algunos libros y cuándo encontró un ejemplar, se dio a la tarea de fotocopiarlo. Oscar no se hizo una selfie leyendo el libro, no hubo un post que legitimara el momento, sólo yo, su mejor amigo, recordará por siempre aquel instante.

Pero nosotros siempre fuimos un par de snobs incorregibles, jamás hubiéramos compartido selfies de aquellas cosas increíbles porque las queríamos para nosotros. Las películas, libros y canciones que escuchábamos nos ayudaron a crear un universo que habitábamos solo él y yo, y uno que otro invitado con la sensibilidad debida. Así que no me atrevería a juzgar las costumbres de nadie, porque al final todos hacemos méritos para ser sentenciados.  

A diferencia de lo que escribo en las redes sociales, estas palabras no buscan alcanzar a la multitud anónima. La intención de estas palabras es tener una conversación intima contigo, que me lees y quizá sonríes, meneas la cabeza o tienes antojo de pan tostado y café.


Hagamos un trato. Démonos permiso de ser bondadosos con nosotros mismos y hacer cosas que nos hagan felices. Si las quieres compartir o no, depende de ti, pero deja que el impulso inicial de esas acciones sea, sino egoísta, un acto de complicidad contigo mismo. Be kind to yourself.

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