No te vistas de mujer


One day I'll grow up, I'll be a beautiful girl
but for today I am a child, for today I am a boy

Anohni



“Mijo, nada más no te vistas de mujer”.

Quizá, al igual que casi todo lo que escribo, este es un recuerdo inventado, pero puedo escuchar a mi madre diciendo estas palabras. Tampoco sé si me las dijo a mí, pero me apropié la sentencia y la he seguido al pie de letra. Al menos hasta el día de hoy.


Nunca jugué con Barbies, a mí me interesaba el Ken. El cuerpo desnudo de las muñecas, por ajeno, me ponía nervioso. Yo estaba enamorado de los ojos azules y el pelo oscuro del Ken. Imaginaba que éramos amigos. Dejábamos a las Barbies probándose vestidos y nosotros nos poníamos a inventar historias mientras nos mirábamos a los ojos. Jamás jugué con muñecas porque no quería que nadie supiera mi secreto. 


Aceptar frente a mi madre que era gay me provoco una depresión profunda. Sentía que algo había hecho mal y la había decepcionado. Hubo dos cosas en especial que hicieron aquel momento más difícil. La primera es que el motivo de esta conversación fue una llamada anónima a mi madre en la que, entre muchos insultos, dijeron cosas sobre mí. La segunda es que mi madre dijo haber comenzado a sospechar que yo era gay cuando notó que siempre me gustaba andar acinturado. Nunca supe si eso era verdad. En esa época yo era muy delgado y no recuerdo haberme preocupado nunca por mostrar mi cintura, pero me sentí humillado. Jamás entendí que relación tenía ese detalle con el hecho de ser gay, pero me hizo pensar (de nuevo) que cualquier señal de afeminamiento era mala. Desde ese día dejé de acinturarme y desde entonces me incomoda usar ropa ajustada.


Crecí rodeado de mujeres. Mujeres hermosas, femeninas y vanidosas. Siempre hubo maquillaje, vestidos, accesorios y revistas de moda en casa. Recuerdo el ritual de belleza matutino de mi tía Virginia. El vestido rojo satinado de mi madre. Las plataformas y gafas de sol enormes de mi Nana. Me interesa la moda como me interesan todas las cosas relacionadas al arte y el diseño, pero jamás quise vestirme de mujer.

Escribo la frase y me incómoda sentir que tengo que dejarlo claro. Sigo escuchando la voz de mi madre. Me preocupa darle el más mínimo motivo para preocuparse.

Cuando comencé a hacer teatro los compañeros heteros amaban vestirse de mujer y “jotear”, a mí me causaba pánico la idea. Si eres heterosexual está bien la idea de jugar a ser mujer y hacer una parodia de ello, a todos les causa risa, pero si eres gay la idea se vuelve una aberración.


Recuerdo abrir el cajón del tocador de mi madre y sacar el maquillaje Recuerdo el olor, los estuches cubiertos de brillos y polvos de colores. Sin embargo, lo más cercano que estuve de usar maquillaje fue cuando pinté el rostro de Madonna en una revista (y me salió muy mal).

A veces pienso que debería intentarlo. Exorcizar este miedo a ser femenino y vestirme de mujer para salir a hacer la compra, ir de fiesta, ir a la iglesia o subirme a un escenario. Sería un acto de rebeldía queer, una declaración de amor y admiración por el mundo femenino, un acto de solidaridad por las comunidades y colectivos que viven en la marginalidad.


Hoy mi sobrina me dio un regalo: un corazón de tela que cortó y cosió con sus manos. El regalo venía en una bolsa con los colores del arcoíris (son sus favoritos). Mientras esperaba el tren para volver a casa un hombre me llamó “gay” en tono burlón. Me reí de él. No tuve miedo. Mi reacción lo hizo alejarse (espero lleno de vergüenza).

Pensé en las personas que salen a la calle y todos los días enfrentan lo mismo por la forma en que se ven, se visten, hablan o interactúan con el mundo. ¡Qué mundo tan estúpido y cruel que ataca y degrada todo lo que lo que no entiende o es diferente!

Ojalá todos tuviéramos la posibilidad de cambiar de cuerpo, sexo, piel, identidad y comenzar a ser más empáticos los unos con los otros. Ojalá pudiéramos tomarnos el tiempo de escuchar y conversar con los demás. Ojalá tuviéramos el valor de comenzar a cuestionar y pensar por cuenta propia (si usar a dios o los ancestros como excusas).

Si pudiera volver atrás cuestionaría a mi madre y le diría: “¿Por qué no? ¿Por qué no está bien vestirse de mujer?”, pero sé la respuesta: “Me da miedo que alguien ta haga daño”.

Por eso quiero ayudar a que este mundo sea un poco mejor. Para que el miedo no se interponga ante la vida, decisiones o formas de vivir de nadie. Ni tú, ni yo, ni el niño que sueña con usar un vestido en su fiesta de cumpleaños o la niña que a veces quiere ser María y a veces Manuel.  

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