Escribir es vaciarse los bolsillos
1.
“Escribir es vaciarse los
bolsillos”. Hace un par de días escapé del sopor del sueño con esa frase en la
cabeza. Tratando de entender el porqué de la frase recordé al personaje de un
cuento de Etgar Keret que me gusta mucho. Todavía adormilado me vi vaciando los
bolsillos de mi pantalón sobre la mesa. Entre muchas otras cosas que no
recuerdo, o no alcancé a ver, llevaba: una matatena, una pelota de goma multicolor,
un naipe de corazones, un cerillo y montones de pelusa.
“Escribir es poner las cartas
sobre la mesa”, deduje completamente entusiasmado. Luego sentí vergüenza de tener que
echar mano de una frase hecha para entender el mensaje tan simbólico que había
rescatado del sueño.
2.
Siempre busco señales. Tengo una obsesión por
tratar de darle sentido a todo. Quizá por eso me gusta escribir. Soy como esos niños
que ven las nubes y tratan de encontrar rostros o animales. Y sí, también sé de
la frustración de que nadie más vea lo que tú ves.
3.
Llevo meses sin escribir. Me he dedicado a leer, a
hablar de literatura, a imaginar proyectos; pero de escribir nada.
“Supongo que la urgencia de
evadir ha sido mas grande que la urgencia de crear”.
Esta frase la escribí ayer. Después de intentar
por más de una hora decidí que no el texto no iba a ninguna parte y decidí
parar. (Estos días la ansiedad me dificulta el concentrarme).
4.
Después de mucho resistirme hoy comencé a ver en
Netflix la charla de Brené Brown “The call to courage” (Se valiente). Conocí a
Brown gracias a una charla TED sobre el poder de la vulnerabilidad. El
contenido de la charla y su sentido del humor me han hecho volver a ella varias
veces, pero me niego a aceptarlo públicamente porque cualquier contenido que
tenga la etiqueta de “autoayuda” me provoca desconfianza.
Pero siempre estoy buscando señales y voy a los lugares
donde creo que pueda encontrarlas, por eso me gusta leer, salir a caminar y
hablar con las personas, por eso busco formas en las nubes; pero a veces las
señales más significativas nos encuentran en los momentos más ordinarios, por ejemplo,
viendo una charla en Netflix (a escondidas).
5.
“No escribo porque no quiero ser
vulnerable”.
Esta frase la escribí hoy y me siento satisfecho (aunque
no feliz) porque es verdad.
Escribir es vaciarse los bolsillos y compartir con
aquellos que te leen algo que te vuelve frágil. Escribir es exponerse a que
alguien señale tu mala ortografía, tu falta de talento, originalidad o inteligencia.
Escribir es arriesgarse y eso es lo que me provoca angustia.
6.
“Bienvenido al club”, me dice la voz de mi conciencia.
“En tu estado emocional actual es normal que evites exponerte. Te provoca ansiedad
la sola idea de llamar la atención. El silencio y la discreción son tu camuflaje,
pero por favor, deja de ser tan… mediré mis palabras … pero tú sabes lo que
pienso.”
(Cuando no escribo mi consciencia se convierte en
el narrador omnisciente de mis días y tenemos conversaciones como ésta.)
7.
¿Cuántas cosas has dejado de hacer por sentirte el
miedo a sentirte vulnerable?
No usar traje de baño en la playa, no bailar en público,
no cantar a todo pulmón, no escribir poemas de amor, no viajar a lugares
desconocidos, no cambiar de trabajo o de ciudad. La lista podría ser
interminable.
Brené Brown dice que incluso nos negamos la
posibilidad querer por el miedo a sentirnos expuestos y mostrarnos vulnerables.
Quizá por eso también vi a escondidas su charla en Netflix: porque me da vergüenza
aceptar que a veces necesito ayuda (una tan cuestionable para los que “no
creemos” en los materiales de “autoayuda”).
Como actor, especialmente el tiempo que hice clown,
nunca he aprendido más que cuándo he estado expuesto:
expuesto al ridículo o al fracaso.
La única forma de vencer el miedo es lanzarse al
vacío. Como dice Brené Brown, es imposible que deje de importarnos el que dirán,
pero no escuches las críticas de aquellos que no estén en tus mismas circunstancias.
Especialmente en estos días en que la gente opina desde el anonimato y distancia
de la virtualidad.
8.
Me prometo que voy a escribir más, que voy a
equivocarme más, que voy a fracasar a lo grande. Me prometo que voy a celebrar
más los pequeños logros y disfrutar el proceso. Me prometo que voy a
preocuparme menos por el que dirán. Me prometo que voy a ser menos indulgente y
más disciplinado. Me repito que el coraje es resultado de aceptar nuestra
vulnerabilidad. Si quieres comenzar a ser valiente tienes que comenzar a correr
riesgos.
La voz de mi conciencia se queja, dice que las
exigencias son altas, que fulanito ya ganó otro premio y que fulanita me leerá con
la ceja alzada, que a este paso lo único que escribiré es un libro de
autoayuda.
Yo me río. Y recuerdo lo que llevo en los
bolsillos (especialmente los montones de pelusa).




Mi querido Profesor, el mundo es de los valientes y tu lo sabes. xx
ResponderEliminarGracias por leer. Abrazos.
Eliminar