Éxodo
“Acércate.
Escucha el zumbido de las abejas”.
El instinto me
hace pensar en el peligro. La empatía en la supervivencia. No la mía, la de ellas.
Decenas, quizá un ciento de abejas se alimentan de las flores en el arbusto.
“Quizá no nos
extingamos. Quizá suceda un milagro”.
Las flores
magentas y el zumbido me hacen pensar que el arbusto está encendido: en llamas.
Recuerdo que hay
una profecía sobre un arbusto en llamas. No recuerdo el nombre del profeta.
Me traslado al desierto. Es de noche. El llano es un espejo de luz blanca. Veo la zarza que arde.
Me traslado al desierto. Es de noche. El llano es un espejo de luz blanca. Veo la zarza que arde.
No sé mi nombre,
pero sé que soy otro. No soy el que soy, pero estoy.
Un ángel se alza
sobre las llamas.
“Acércate. Escucha
el zumbido de las alas”.
Me extingo. Me
lanzo al fuego.
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| William Blake |



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