Sueños, ikagai y la razón de ser


Siempre he creído en las señales. Me sucede a menudo que una palabra o una imagen me persigue hasta que me detengo a entender el motivo. Así me sucedió con el ikagai. Ya había escuchado hablar de ese concepto japonés que se refiere a nuestra «razón de vida». Hace tiempo mi hermano me compartió el diagrama del ikagai. Supuse que era una de esas imágenes aleatorias que de pronto invaden las redes sociales. Me pareció interesante, pero nada extraordinario, porque según yo tenía claro cuál es mi razón de ser. Olvidé que mi hermano siempre se adelanta a todo, a veces, incluso a mis propias dudas.

El impacto de mudarnos a Atenas se ha ido develando ante mí poco a poco. Más allá de lo evidente atrás familia, amigos, trabajo, costumbres y zonas de confort­ hubo algo que no consideré: que empezar de nuevo siempre te obliga a cuestionar tu ikagai, tu porqué.

Engin Akyurt ©

En estos días he leído un libro que me causó un gran impactó: Shiawase-Dô– Los 15 conceptos japoneses hacia una vida plena y feliz de Alex Pler. Y el primer concepto era ikagai. Ahí estaba de nuevo mi señal. Así que regresé al diagrama que antes no había tenido relevancia. Me senté a completar con calma y a conciencia las 4 áreas principales del diagrama y estos fueron los resultados:

1. Lo que amas: enseñar, escribir, crear cosas y compartir mis habilidades.
2. En lo que eres bueno: enseñar, crear cosas y compartir mis habilidades. (No me atreví a incluir la escritura)
3. Lo que necesita el mundo: profesores comprometidos, personas dispuestas a compartir sus habilidades.   
4. Por lo que pueden pagarte: dar clases, crear cosas (pero soy muy mal vendedor).

Quedé satisfecho con los resultados y me dieron ideas concretas para mis rutas de acción. Sin embargo, también reveló algo que ya venía pensando desde hace tiempo, pero que no sabía cómo enfrentar: el teatro ya no es parte fundamental de mi vida. A diferencia de algunos grandes amigos a los que admiro por todas las cosas que están logrando, yo he abandonado el compromiso con el teatro. Lo más irónico es que las dos ciudades donde he vivido los últimos años no podrían ser más teatrales: Londres y Atenas.

A veces argumento que he encontrado refugio para mi creatividad en la escritura, pero la verdad es que no escribo lo suficiente para justificarme de esa manera. Otras veces me escudo tras las circunstancias y un discurso muy ensayado, por falso, sobre las prioridades de la adultez lejos de casa.

Jamás soñé con llegar a la televisión o viajar a la capital para “hacerla en grande”. Eso hizo mi vida muy sencilla y complicada a la vez. Me evito las dificultades y frustraciones de la “carrera artística”, pero me convirtió en un mediocre actor de pueblo. ¿Cómo justificas un sueño si no tienes ambición?

David Dilbert ©
Siempre nos han enseñado que el éxito se mide de formas muy concretas. Por ejemplo, si eres actor la gente sólo te considerará exitoso si haces teatro “profesionalmente” o sales en la tele en horario estelar.  El tipo de éxito de la Barraca, la compañía teatral de Federico García Lorca, no le resulta atractivo a nadie porque no se transmitió en una pantalla ni le dio fama ni gloria a nadie. Y ese es el tipo de sueños que siempre he perseguido yo.

Y es ese sueño de viajar con un grupo de amigos y contar historias, y reír y soñar que puedes cambiar el mundo si lo cumplí. Y todo lo que cabe en ese sueño (hecho realidad) es mi ikagai. No el teatro, no escribir, no enseñar, sino la posibilidad de compartir y transformar, en la medida de mis posibilidades, la vida de alguien más.  

No es que huya del éxito o me falte ambición. Mis sueños son modestos nada más. Así que volveré a actuar, a enseñar y crear cosas con esa consigna: lo hago porque es mi razón de ser. 



“La gente olvidará lo que dijiste, la gente olvidará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo la hiciste sentir”.


Maya Angelou




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