8 de Marzo (un vestido rojo)

Es 8 de marzo. De una silla cuelga la camisa roja que estrené ayer. Es una camisa de tela brillosa que compré en un bazar. Una de esas prendas que insisten en llamarlas vintage para hacerlas especiales. Yo la compré porque me recordó a ti. Pensé que no me animaría a usarla porque es bastante llamativa, pero incluso me tomé una selfie (que no sé si compartiré).  


A ti te gustaban las fotos. Posabas y sonreías: no te deba vergüenza nada. En algunas de esas fotografías, la mayoría en “fiestas de adultos”, apareces con tu atuendo favorito: un vestido rojo de tela brillosa y entallada. Recuerdo tu juventud, tu peinado, tu piel morena, tus uñas y tus labios rojos. Recuerdo que no entendía porque te ibas y me dejabas sólo, pero a ti nunca hubo nada que te atara. Perdóname por no entender que además de ser madre, eras mujer.

Alguna vez me confesaste que tenías el corazón roto cuando me esperabas, que dudaste en continuar con el embarazo. Que te alegrabas de haberme tenido. Me lo dijiste sin apologías. No necesitabas mi perdón. La decisión había sido tuya. La recompensa de los dos: conocernos.

Si hubieras decidido abortar la gente te habría solamente juzgado a ti y esa idea me llena de rabia. Nadie habría juzgado al hombre que intervino en mi fecundación. No lo llamo padre porque nunca lo fue (al menos no para mí). La culpa habría sido tuya nada más. Según ellos, Dios habría usado un dedo solamente y lo habría usado para apuntarte a ti. Santa estupidez. Bendita necedad. Que alguien nos libre de su Dios, por favor.  

Siempre quisiste protegerme. No quisiste que me llamaran bastardo y buscaste a alguien que me diera su apellido. A mí el Sánchez me hubiera bastado, pero habrías tenido que pasar horas dando explicaciones. Tú, porque no había más estaba a tu lado.

Hace poco escuché a una activista transexual explicar cómo ella y su madre decidieron cambiar la narrativa de su vida y dejar de pensar en lo que había sido la existencia de su familia sin un padre por lo que había sido la existencia de su padre sin una hija y una esposa como ellas. Pensé que no es tarde para nosotros tampoco. El que salió perdiendo fue él (y todos los que son como él).  La vida le habría enseñado mucho si hubiera tenido que lidiar con todo lo que lidiaste tú al educarme a mí. No fue fácil. Lo sé.

Hubiéramos formado a un feminista. Quizá. Aún homófobo converso. Quizá. Aún hombre responsable. Quizá. Quizá. O tal vez no.
No puedo evitar sonreír, ante la ironía, cuando pienso que todos aquellos que condenan el aborto habrían aplaudido tu decisión, pero me condenarían a mí por sucumbir ante el aberrante pecado de la sodomía. Es imposible tenerlos contentos. Seguro habría quien pensaría: “mejor lo hubiera abortado”, o “para que lo tuvo si lo iba a volver maricón”. Claro, porque mis “defectos”, incluida la homosexualidad, son producto de un “padre ausente”. Una madre nunca es suficiente. Santa necedad. Bendita estupidez. Que alguien nos libre del patriarcado, por favor.  

Lo peor es que la ausencia del padre nunca es culpa del padre. “Usted, no lo supo retener comadre, seguro algo hizo mal”. Ser independiente nada más. Ser independiente y tener dignidad.  

Si el interés en la salvación de mi alma y mi calidad moral hubiera sido genuino uno de los tantos machos en la familia o la sociedad se hubiera preocupado por enseñarme a hacer cosas de hombres: jugar deportes, competir, afeitarme, ir de cacería… acosar y golpear mujeres. Afortunadamente no fue así, habría pasado menos tiempo bailando Dancing Queen… y no sé si eso me hubiera hecho mejor persona.  



Escribo esto para reclamar tu historia, mi historia y la de tantas familias como la nuestra.

Es 8 de marzo. De una silla cuelga la camisa roja que me compré pensando en ti. Que dudo en ponerme porque en el fondo de mi cabeza pienso que es demasiado femenina. Pero no los vamos a dejar ganar, ¿verdad? Tu libertad, tus dudas y conflictos, tu vivir sin apologías y ese vestido rojo son mi bandera y “voy a bordar en ella el amor más grande de mi vida”.

Comentarios

Entradas populares