Ansina
“¿Sapato o zapato?”
Siempre encuentro interesante el momento en que surge esa pregunta. Y la situación inevitablemente se torna divertida cuando respondo: “sapato con seta”.
En los años que viví en Inglaterra mi inglés mejoró de forma exponencial. Excepto por mi pronunciación, puedo decir que ahora soy bilingüe. Milagros de la inmersión (lo recomiendo). Lo que nunca esperé fue que en el proceso aprendería más que nunca sobre mi propio idioma. Londres me dio la oportunidad de conocer a hispanohablantes de muchos países y estar en contacto con esa diversidad ha sido «chévere, bacán… una vaina súper guay»
Mi español se ha “contaminado” (aún más) por el contacto diario con el inglés. Nací en la frontera con Texas: un pueblo donde hay «trokas» que se «parquean» mal y «paniqueamos» cuando «wachamos» a la migra; pero ahora dudo de mis habilidades sintácticas y gramaticales todo el tiempo. Creo que nunca en mi vida había consultado tanto el diccionario y el libro panhispánico de dudas. Sé que cometo muchos errores, pero estoy consciente de ello y me esfuerzo mucho para evitarlo (aquí había usado por en vez de para, por ejemplo). Y mientras más aprendo siento que menos sé.
“Berde que te quiero verde”. Sí, los hablantes de otros idiomas notan una diferencia. Yo la aprendí recitando el famoso poema de García Lorca, pero en la vida diaria, honestamente, no me entero.
En Europa los estudiantes de español tienden a expresar preferencias por el español peninsular o latinoamericano. A veces es una cuestión de gusto o practicidad. Y en casos contados de la “pureza” del lenguaje. Sí, hay quienes creen que un español es mejor que otro. Nunca me han incomodado tales declaraciones. Sin embargo, recientemente viví un episodio de racismo lingüístico que me ha hecho reflexionar y querer escribir sobre el tema.
“Es que yo me esfuerzo por hablar correctamente”. Esa fue la respuesta de una persona a mi evidente enfado por sus constantes comentarios a mi pronunciación de ciertas palabras. Lo siento, pero insistir en que existe una forma “correcta” de hablar me enfada sobremanera. Dentro de la misma España y de la frontera norte de México al borde de la Patagonia existen muchas variantes del español y decir que una es mejor que otra es una forma de segregación.
“¿Qué es eso?” me han preguntado con sorpresa, a veces con desdén, cuando uso palabras como alberca, playera, caro, renta, cachetes, chapulín. Con una superioridad lingüística y cultural, algunos alegan que caro y renta son calcos del inglés, pero olvidan todas las palabras de origen árabe que usamos a diario. Ojalá no estén equivocados.
Y este uso “correcto” del lenguaje no se impone sólo culturalmente, tiene también connotaciones sociales. En Facebook abundaban cientos de paladines de la ortografía y la gramática que exponen, e incluso humillan, a todos aquellos que cometen el pecado de escribir mal. No me mal interpreten, no estoy en contra del aprendizaje. Lo que me incomoda es el uso del conocimiento como una forma de hegemonía. Detrás de alguien que escribe con faltas ortográficas está alguien que aprendió a leer y escribir en la edad adulta o no tuvo acceso a la misma educación que nosotros. Lo sé porque no aprendí inglés en Eton y mi conocimiento del griego, el idioma que intento aprender ahora, me pone en el mismo nivel de esas personas a las que ustedes llaman analfabetas.
Es bueno tener curiosidad y ganas de aprender, los idiomas son fuentes inacabables de asombro; pero no de estatus. Ayer, tras aceptar que desconocía el origen de la frase echar de menos, aprendí que la procedencia de esta bella expresión es portuguesa. Ellos dicen achar menos, donde achar es hallar. Así que en realidad deberíamos decir te hallo menos. Te busco y te hallo menos. ¡Qué maravilla!
En esta diversidad lingüística que muchas consideran impureza del lenguaje esta contenida nuestra historia y nuestra identidad. No es lo mismo un saltamontes que un chapulín. La carga histórica y cultural de ambas palabras las hace totalmente distintas. Por ejemplo, en la política mexicana se puede chapulinear pero no saltamontear.
Así que te aguantas si hablo mal. Ansina hablamos en mi tierra. Y si no te gusta caile a tu cantón.






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