Episodio 1 | Introducción
“Amar es aprender a caminar por este mundo”
Octavio Paz
Un hombre camina y el mundo existe. Cuando caminamos todos los paisajes son distintos. Es increíble como al ponernos en marcha la distancia adquiere otra dimensión. Con cada paso que damos avanzamos hacia nuestro destino, pero no hay mejor manera de comprobar qué tan lejos queda algo que empezar a caminar.
Hola. Mi nombre es Edoardo Torres y me gusta contar historias. Ahora mismo estoy encerrado en mi habitación en Atenas. Mi pareja da clases en línea en el otro lado de la casa y mi gata maúlla enojada, pues su libertad ha sido coartada; pero supongo que muchos de ustedes están en las mismas circunstancias.
El 25 de marzo del 2013 escribí la primera entrada del blog “Un hombre camina”. Fue también la primera columna que escribí para aquel maravilloso suplemento cultural llamado Hojalata del periódico El Líder en Nuevo Laredo. Hace 7 años sentí que como escritor necesitaba un reto. Había pasado de la mala poesía a las obras de teatro y pensé que era buena idea imponerme el rigor y disciplina de escribir de forma periódica y con una consigna específica. Siempre he admirado la labor de aquellos que escriben en periódicos y revistas; su capacidad de escribir con un tema determinado y no guiado por lo que la “inspiración” te traiga. Jamás me atrevería a intentar una labor periodística, pero pensé que este ejercicio de tener una fecha de entrega, en este caso semanal, y tratar de escribir con un estilo que fuera ameno y accesible para los lectores, era una buena tarea para mí como escritor. Por otra parte, nunca me había aventurado a escribir prosa (en este caso no ficción) porque la idea era escribir cosas de la vida cotidiana, y eso significaba un reto extra para mí. Así que le pedí una oportunidad a mi gran amigo Jhovanni Raga, editor de este suplemento cultural, y con absoluta confianza me dijo: “Sí. Vamos a hacerlo.” Así fue como me ofrecieron ese espacio en el que, para mí, ha sido uno de los grandes suplementos culturales en Nuevo Laredo.
Cuando la primera columna fue publicada, recuerdo esa emoción de ir a conseguir el periódico, para verla impresa y sentir que era real, que estaba ahí para que todos la leyeran. Fue una gran experiencia. Los meses que escribí “Un hombre camina” los disfruté enormemente y hay entradas muy especiales para mí.
Cuando el proyecto llegó a su fin seguí escribiendo. Entonces el Laredo Morning Times, gracias a Melva Lavín y Melissa Santillana, me dio de nuevo la oportunidad e inicié el proyecto “Cartas desde una isla”. Y ahora, en una nueva etapa, mi queridísima mentora Paloma Bello aceptó acompañarme en un proyecto epistolar “Cartas a Paloma” donde le cuento acerca de mi vida en Atenas, y que se publica de forma digital en Informe Fracto gracias a la generosidad de Carlos Bojórquez-Urzaiz. Durante todo el tiempo en los que se han publicado estos ensayos, como los llamo ahora para darme importancia, he seguido publicando en línea en mis diferentes blogs “Un hombre camina” y “Un diario intento”, que es el lugar donde ahora publicó de forma más regular.
Hace unas semanas me dio por pensar en qué ha pasado desde el primer momento en que empezó este proyecto y ¿cuántos textos he escrito? La verdad es que no he sido el escritor más constante o disciplinado y por eso quería saber qué he hecho en todo este tiempo. Así que decidí ir hacia atrás. Decidí ir al blog y ver qué había pasado desde aquel marzo del 2013. Descubrí que en total hay aproximado de 70 textos divididos entre diferentes proyectos editoriales y los que he publicado de forma digital. Un promedio de 10 textos por año. Y eso me hizo reflexionar. ¿Son muchos? ¿Son pocos? ¿Qué he aprendido? ¿Por qué sigo escribiendo? ¿Qué es lo quiero lograr?
Lo primero que me vino a la cabeza, dadas las fechas, es que había que celebrar. ¿Celebrar qué? Mi terquedad. Todos los cambios que mi vida ha tenido desde entonces. Desde aquel primer texto en marzo del 2013 mi vida ha cambiado radicalmente. Creo que el Edoardo que escribió ese primer texto aún no tenía idea de que en septiembre de ese año se mudaría a Inglaterra y su vida cambiaría para siempre. Creo que fue alrededor de abril de ese año cuando empecé a aplicar a las maestrías, pero la idea de irme la tenía desde antes.
EL primer intento fue en el 2009, y curiosamente fue una pandemia lo que cambio mis planes. Recuerdo que era un plan tan serio que doné mi biblioteca personal a Estación Palabra, un centro de promoción a la lectura en Nuevo Laredo. Y obviamente cuando la pandemia cambió mis planes me arrepentí muchísimo. Aún sueño con esos libros que nunca volví a ver, pero siempre es bueno desprenderse de las cosas… ¿no? Lo más importante es que el hecho de no haberme ido cambió mi vida para bien. Comencé la compañía de teatro en la que conocía la mayoría de mis ahora grandes amigos: mi familia extendida. Y no puedo dejar de pensar qué hubiera sido de mí si me hubiera ido a Dallas, Texas para ser profesor bilingüe en una escuela primaria. Definitivamente mi vida hubiera sido muy distinta y no estaría donde estoy ahora.
Fue en el blog que dije que me iba a Inglaterra. Lo hice en una entrada titulada “No me gustan las despedidas”. Escribir me ha ha acompañado siempre, sin embargo, hubo un silencio bastante largo después de que terminé la maestría y decidí que no iba a volver a México. Estaba desempleado, sentía que había roto todas mis promesas y que no tenía nada interesante que decir, pero al final volví a escribir. Y por más lugar común que sea que sea, debo decir que escribir me salvó. Y ahora que veo hacia atrás es maravilloso leer esas entradas del blog porque son un diario. Gracias a esos textos puedo recordar cosas que de otra manera habría olvidado. Los departamentos diferentes en que viví, las ciudades a las que me mudé, sus calles, su gente. Y ahora están ahí, y la gente puede ir y conocer un poco de esos sitios. Leer sobre Waterloo, el gato del parque en Waterloo Road al que espiaba desde la ventana de nuestro diminuto departamento en Reading. Y ahora, en esta nueva etapa de mi vida, Atenas está en lo que escribo, en las cosas que cuento, en lo que comparto cuando me lees.
¿Por qué “Un hombre camina”? Cuando buscaba un título para la columna pensé en Fernando Pessoa. A Pessoa lo admiro no sólo por su forma de ver el mundo, pero sobre todo por su productividad y el increíble número de proyectos y personas que se inventó para escribir. A Pessoa lo asocio con el acto de caminar porque que en las fotografías más famosas que conservamos de él, se le ve caminando por las calles. Y eso me hace creer que gran parte de su inspiración venía de caminar por Lisboa, de andar por las calles, de conocer a la gente, meterse a los cafés y los bares; y decidí que yo también quería escribir sobre esas cosas, las cosas que veía en mi cotidianeidad. Dos de mis grandes defectos como escritor son: una tendencia terrible a repetirme y hablar en primera persona todo el tiempo. Así que necesitaba ese reto de salir a la calle y hablar de los otros y sus historias. Y lo conseguí por un tiempo. Y aunque uno siempre vuelve a sus vicios, durante ese tiempo el ejercicio funcionó.
Así surgió “Un hombre camina”. Y ahora que decidí qué quería regresar y revisar, revisitar, qué pasó en esos 7 años y en 3 países diferentes, la primera pregunta que surgió fue: ¿qué puedo hacer con todo esto? ¿Un libro? ¿Un podcast?
A lo largo de estos años uno de los grandes elogios que he recibido con estos proyectos es que la gente diga “me gusta leerte”, “me motivas a leer porque lo que escribes es fácil de leer.” Pero también sé que después de 7 años es difícil seguir el paso. La familia y amigos te leen al principio, pero luego ya se piensan si vale la pena leerte o no. Porque no les gusta leer o porque tienen buen gusto y no les gusta lo que escribes. Las razones son varías y todas son válidas. Entonces, con el deseo de explorar las nuevas tecnologías, pensé en hacer un podcast.
Le di muchas vueltas a la idea porque la idea de hablar frente al micrófono era de alguna manera algo nuevo para mí. Y por otro lado, porque desde que me mudé de México mi forma de hablar ha cambiado mucho. La convivencia con otros hispanohablantes ha cambiado mi forma de hablar. Y como profesor de español mi forma de comunicarme ha sido influenciada también por mi forma de interactuar con mis estudiantes. No es raro que descubra enunciando y hablando de forma muy pausada para que la gente pueda seguir lo que estoy diciendo, aunque no esté en clase.
Al vivir en el extranjero, sobre todo el tiempo que pasé en Inglaterra, hay días, si no es que semanas, en las que no hablo español con nadie. Y eso ha cambiado mi personalidad, mi forma de hablar y expresarme en general. A veces me siento extraño hablando en español, me siento torpe porque quiero escoger las palabras correctas si estoy hablando con alguien que no entiende mis mexicanismos o si estoy hablando con mis alumnos. Detalles simples como incorporar el vosotros al hablar cuando daba clase en el colegio en Londres han tenido un impacto sobre mí. Y ahora hablar en voz alta me resulta, a veces, un hecho extraordinario, pero que disfruto muchísimo. Ahora que animé a dar el primer pasó pienso que debí de hacer esto antes. Es una buena manera de comunicarme con los que están lejos ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste mi voz? ¿Suena distinta a como la recordabas? ¿Notas que hablo de forma diferente?
Después de hacer una breve encuesta en redes sociales: ¿libro o podcast? La respuesta más popular fue hacer un podcast. No supe si tomar eso como “ni te atrevas a publicar otro libro que nadie va a leer” o como “queremos escucharte”, pero aquí estamos. Y no descartó la posibilidad de que en algún momento esto se pueda convertir en una publicación, pero por ahora esto es lo que hay. Además, creo que es un buen momento para empezar, si logro distraerte y hacer más llevaderos estos días de cuarentena sentiré que el esfuerzo ha valido la pena.
Ahora, más que nunca, la gente ha descubierto que hay otras formas de estar en contacto con los demás en la distancia, en la virtualidad. Para mí es algo muy común. Tengo 7 años fuera de casa y a veces mi forma de comunicación más inmediata son las redes sociales, mandar mensajes de audio o escritos. Esa es mi forma de vida. He aprendido a relacionarme de esa manera. A encontrar formas de que, a la distancia, mis amigos sigan sintiendo mi cariño y mi interés por ellos. Desde que me mudé a Atenas mi fuente de trabajo ha sido en línea; hace un par de meses comencé a dar clases por internet. Fue un gran cambio, como lo es ahora para muchas personas, pero lo acepté y lo fui asimilando poco a poco.
Hoy más que nunca tenemos que usar todas esos medios y herramientas que tenemos disponibles para acercarnos los unos a los otros. Son momentos difíciles, pero el cambio es la única constante en el universo. La vida siempre cambia y tiene sus complejidades, pero también sus recompensas. Depende de nosotros convertir las adversidades en enseñanzas. Ya los veo en el verano escuchándome en la playa, al aire libre, rodeados de su familia y sus amigos; hablando de toda esta situación en pasado.
Como a todo nuevo proyecto, le di muchas vueltas para decidir qué sería lo primero que grabaría en este podcast. ¿Qué equipo debía comprar? (al final no pude comprar nada porque todas las tiendas están cerradas) ¿Si sólo tomaría las entradas en orden cronológico y las convertiría en podcasts? ¿Si debía adaptarlas un poco para hacerlas más largas? En realidad, creo que sólo estaba aplazando el momento de empezar. Al final decidí que tenía que hacerlo ya. Que este era el momento. Así que comencé a escribir un texto para usarlo a modo de guion, pero al final empecé a desahogar mi ansiedad y mis preocupaciones, mi tristeza por las cosas que han pasado en estos días.
"Veo el reloj. Son las 10. Es 20 de marzo. Me duele la cabeza. A esta hora debería estar en el aeropuerto, pero todos nuestros planes han cambiado. Imagino el enorme abrazo que te habría dado al verte. Recibir a alguien en un aeropuerto es una gran oportunidad para demostrar nuestro cariño sin parecer extremadamente cursi. Tendremos que esperar.
Son las 12. He postergado el momento de sentarme a escribir. Jugué con la gata. Ordené un poco la casa. Ahora si, me siento a escribir. Abro Facebook y pierdo el tiempo. Abro Word y escribo un par de líneas. Recuerdo que quería cortarme las uñas y rasurarme. Voy al baño. Click, click, click. Me corto las uñas. La máquina de rasurar zumba en mi oído. Me pone nervioso. Me doy cuenta de que no estoy bien. Es un ataque de ansiedad."
Yo no debería estar aquí hoy 23 de marzo que estoy grabando esto. Debería estar en la isla de Hydra viendo el mar con una gran amiga. Y el hecho de que ella no estuviera aquí, pues tuvo que cancelar su viaje, me afectó mucho más de lo que pensaba porque era la primera vez que uno de mis amigos me visita desde que salí de México. Y ese siempre ha sido mi sueño: poder enseñarle a la gente que quiero las cosas que veo, los sitios que visito, los gatos con los que platico cuando salgo a la calle, la gente que es parte de mi cotidianidad. Desde el primer momento que llegué a Inglaterra quería enseñarles a mis amigos las cosas que veía, que me maravillaban. Por eso estaba tan entusiasmado. Me emocionaba esa idea de poder salir con un amigo a la calle y hablar en español, en norteño, y tomarnos un café. A la distancia esas cosas se vuelven un tesoro. Pero hubo un cambio de planes y lo haremos, lo haremos en el futuro.
Aquí la enseñanza es que las cosas cambian en el momento menos esperado y de la forma más radical posible, pero tenemos que adaptarnos. Por eso decidí que no quería hablar de eso, aunque les he contado un poco ahora, pero ese texto que escribí lo guardaré para mí porque no quiero que ese sea el tema de este primer episodio.
Quiero que esto sea más bien una introducción, contarles qué es lo que haré. Semana a semana iré leyendo las entradas del blog. Las actualizaré porque hay cosas que ya no me gustan. Han pasado 7 años y quiero creer que ahora escribo un poco mejor, al menos mis manías y vicios han cambiado, se han mutado. Entonces actualizaré los textos y les leeré. Espero que sigan escuchando. Así que suscríbanse, envíen sus comentarios y díganme qué les parece, qué les gustaría que les cuente en el futuro.
Creo que esto de hablar me está gustando. Entiendan que a veces no tengo con quien hablar en español a diario, así que esta es la oportunidad perfecta para mí.






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