Episodio 2 | Camino en casa
Hola. ¿Qué tal? El primer episodio de Un Hombre Camina ha sido compartido de manera oficial en diferentes plataformas y redes sociales y la respuesta ha sido increíble. Gracias a todos los que han escuchado y especialmente a los que se han puesto en contacto para hacerme llegar sus impresiones, comentarios y, sobre todo, sus sugerencias.
Me alegra haber dado el primer paso en esta aventura. Haber vencido el miedo y hacer a un lado todas las excusas. Ahora el reto es continuar. Como en todo proyecto, la constancia es lo que hace la diferencia. Yo soy un gran coleccionista de proyectos inacabados. No me da orgullo aceptarlo, pero es verdad. Lo atestiguan un gran número de libretas y cuadernos que guardo en los diferentes cajones de mi casa. Quizá te pasa igual. Mi mejor amigo y quien, junto a mi hermano, me introdujo al mundo de los podcasts, me hizo una muy buena pregunta: “Y ¿para cuándo el segundo episodio?” “No tengo idea”, fue mi respuesta. ¿Acaso hay que continuar? Supongo que sí. Así que haré un gran esfuerzo para que cada lunes haya un nuevo episodio. Como bien dice el zorro, de El Principito: es bueno volver siempre a la misma hora.
“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz”.
El problema es que, si titulas tu proyecto Un hombre Camina y no puedes salir a caminar para encontrar historias, pues seguimos en cuarentena, estás en problemas. Así que no sabía realmente de qué hablar, pero de pronto recibí una señal —así es como llamo a ese proceso de robarme las geniales ideas de otros. Roman Mars, uno de mi podcasters favoritos, se encontró en la misma situación y decidió hacer un episodio de 99% Invisible, su podcast, contando historias sobre el origen de ciertos objetos y utensilios en su casa. Mars tiene una gran habilidad para contar historias, siempre logra la manera de contagiarte su entusiasmo por el conocimiento enciclopédico y el diseño. En mi caso, el corazón me funciona mejor que el cerebro, así que mi imitaré el ejercicio desde otra perspectiva.
Comenzaré por contarte un poco del lugar en donde vivo. Nuestro edificio se parece un poco a esos en los que, en estos días, has visto a los italianos y españoles cantando y comunicándose con sus vecinos. Nosotros vivimos en la planta baja, así que no tenemos balcón. En realidad, tenemos pocas ventanas (problemas de la vida urbana), pero tenemos dos ventanas enormes que dan a un parque. Vivimos en Neapoli, entre el barrio burgués barrio de Kolonaki y el barrio bohemio de Exarcheia (famoso por ser el centro del movimiento anarquista en Atenas). Es un departamento amueblado, cuyo propietario es un pintor alemán expatriado desde hace muchos años, así que somos afortunados, porque el sitio tiene una vibra muy especial y en todas las habitaciones hay grabados, dibujos y pinturas del artista.
Sí, me gustan los objetos. Para mí sería complicado adoptar un estilo de vida minimalista. Quizá es una cuestión cultural, o el breve romance que tuve con la museografía, pero no puedo resistirme a coleccionar cosas. Soy consciente de mi problema y frecuentemente “curo” mis colecciones, pero inevitablemente llegan nuevos objetos. Lo que sí puedo decir con orgullo es que cada objeto que conservo tiene una historia.
Empezaré por la habitación. Está ubicada al fondo del departamento, y sin importar si es invierno o verano, tiene su propio microclima. Aquí es donde escribo y hago mis clases. Tengo un pequeño escritorio y una silla giratoria de madera que hace ruido cuando me muevo. En esta habitación escogí un pequeño perro de plástico, creo que es un Cocker Spaniel. Se llama Brighton.
La idea detrás del nombre no es muy original: lo encontré tirado en la calle en Brighton, un pueblo costero en Inglaterra, y le di ese nombre. Siempre he creído que cuando le damos nombre a las cosas estas nos pertenecen. Visité Brighton por primera vez en el otoño del 2013. Tenía pocos meses de haber llegado a Inglaterra y nunca había visitado la costa. Me enamoré del mar helado y gris porque era muy distinto del que conocía hasta entonces. He vuelto muchas veces a este pueblo. Y mi recuerdo más feliz es el de una visita con mis sobrinos antes de mudarnos a Atenas. Paseamos por la playa cubierta de piedras. Visitamos el muelle, comimos helados y jugamos en las máquinas tragamonedas. Sostengo a Brighton en la palma de la mano. Pienso que lo que lo hace tan especial es esa pose levantando una pata, como si siempre estuviera listo para saludar. Brighton ha decorado los rincones especiales de todos los sitios donde he vivido. Ahora está en una repisa sobre mi cama. Es el guardián de las fotos familiares. Eres un perrito muy bueno, viejo amigo.
Vamos ahora a la cocina. Toda mi vida en México fui un hijo muy mimado y salvo cosas muy simples como el huevo con chorizo (mi desayuno favorito) nunca aprendí a cocinar, pero en los últimos años mis habilidades en la cocina han mejorado exponencialmente. “Es el hambre”, diría mi Nana. Ahora uno de mis pasatiempos favoritos es hornear, así que paso bastante tiempo en la cocina. Mi objeto favorito aquí es una cuchara de peltre azul que me regalo mi mejor amiga. Esa cuchara azul con puntitos blancos y negros me recuerda mi infancia. Era la compañera fiel del jarro de barro para los frijoles. Era la cuchara generosa que te servía el asado de puerco. Ahora tengo una y es la cuchara especial con la que sirvo el arroz rojo y los frijoles. Mi cuchara de peltre sigue en busca de su jarro de barro. Espero que pronto su sueño se haga realidad.
En el recibidor —o como sea que se puede llamar este pequeño espacio en la entrada de la casa— hay un pequeño librero que resguarda algunos regalos especiales: un botecito de cristal lleno de caracoles, que me regaló mi suegro; una figurita de cristal del dios Hánuman y una postal de Ganesha, regalos de mi hermano y una querida amiga.
Los que me conocen saben que atesoro esas cosas. Por ejemplo, la pareja andaluza de playmobil que me regalaron en un intercambio de navidad. En el norte de México los playmobil no eran tan populares, pero yo siempre soñé con tener el set de los piratas. En casa de mis suegros aún conservan muchos juguetes playmobil y me fascina jugar con ellos cuando se da la oportunidad, especialmente con el fantasma con la sabana blanca y los payasos. A este par de muñequitos andaluces les tengo mucho cariño porque es parte de uno de esos chistes privados: en una reunión de trabajo con mis colegas españoles tuve la ocurrencia de decir que yo no era español, pero que tenía corazón Andaluz y esa ocurrencia les hizo mucho gracia. Durante el tiempo que di clases en el colegio en Londres, ambos estaban sobre el monitor de mi computadora; y a mis alumnos y colegas les daba mucha curiosidad conocer la historia. “Tengo corazón andaluz porque amo a García Lorca”, esa es siempre mi respuesta.
Vamos ahora al comedor. Este es un espacio que pertenece a los libros y a los gatos (en plural). Hay una solida mesa de madera que a veces uso para pintar o dibujar, pero el resto del tiempo esta vacía. La única vez que la hemos usado para comer fue el primer día que nos visitó mi hermano, porque era una ocasión muy especial. Aquí es donde están la mayoría de nuestros libros y gran parte de mi colección de gatos de cerámica —casi todos comprados en tiendas de caridad durante el tiempo que vivimos en Inglaterra. Mi favorito es un gato blanco con azul imitando la cerámica china. Entre los libros está la fotografía de mi amigo Oscar, que falleció hace un par de años. En la foto estamos los dos con el puño derecho levantado como el personaje de anime japonés Astro Boy. Oscar, como muchas otras cosas que ahora son partes esenciales de mi vida, me contagio su fascinación por el anime y lo japonés. En la época en que nos sacamos esa foto leímos un libro que cambió nuestras vidas: Kitchen de Banana Yoshimoto.
Sueño con ir a Japón algún día. Prometo que llevaré esta foto conmigo para que Oscar me acompañe.
El estudio es una zona restringida para los genios de la casa. Aquí frecuentemente se escuchan discusiones literarias y los ronquidos de la gata. Es una habitación llena de luz. Aquí está una de las ventanas que da hacía el parque y por donde vemos ir a venir y venir a los turistas que visitan la colina Licabeto —antes olvidé decir que vivimos al pie de esa famosa colina, uno de los pocos pulmones de Atenas.
En este espacio hay dos objetos especiales: una silla de negra de oficina y Jon Snow. Empezaré por la silla. Esa silla nos ha acompañado a todas partes. Además de los libreros es uno de los pocos muebles que nos pertenece. Es enorme y siempre fue una pesadilla en términos de espacio. “Debemos tirarla”, decía yo de cuando en cuando. “Es enorme y nadie la usa”. Se convirtió en la típica silla de la ropa, pero cuando llegó el momento de la mudanza mi pareja la defendió a uñas y dientes. “Es mi silla”, dijo muy categórico. Así que la silla llegó hasta Atenas y ahora es uno de los lugares favoritos de la gata. Es muy divertido, ver como espera el momento para apoderarse de ella. Ahora que se acerca la primavera, ama tomar siestas en el estudio a la luz del sol, en su silla negra. Esa silla que, como dictado por el destino, llevamos de un lado a otro para que le perteneciera a ella.
El último objeto es un cuervo tallado en madera al que bautizamos Jon Snow, como el personaje de la serie Game of Thrones. El cuervo está sentado sobre una pila de libros y con sus alas sostiene un libro: Flying for beginners (Vuelo para principiantes). No lo había pensado antes, pero creo que quizá de ahí vino la idea de la obra de teatro “Cómo Harún aprendió a volar”. Jon Snow es muy especial para nosotros porque amamos los libros y porque fue una de las primeras cosas que compramos para decorar nuestro departamento en Reading. Lo compramos en una de esas tiendas de caridad que abundan en Inglaterra: The Autistic Shop. Un lugar con mucho encanto, pero nada autistic friendly, pues era un lugar mal iluminado, desordenado y lleno de polvo. En ese tiempo no trabajaba, pero recuerdo que me gustaba tomar un par de monedas e ir a buscar algo especial por una o dos libras, por eso es uno de mis grandes tesoros.
¿Tú qué objetos especiales tienes? ¿Cuáles son las historias detrás de ellos? Escríbeme y compárteme tus historias. Me encantaría conocerlas.
Mi nombre es Edoardo Torres y este es “Un hombre camina”. Nos escuchamos pronto y nos vemos después.



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